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domingo, 8 de diciembre de 2024

El principio regulador de la iglesia 8: Su respaldo bíblico: segundo argumento

 El principio regulador de la iglesia 8: Su respaldo bíblico: segundo argumento

por Sam Waldron | 18 de mayo de 2012 | Eclesiología , Principio regulador


 

El segundo argumento a favor del principio regulador de la iglesia tiene que ver con la tendencia inevitable de la tradición humana:  la introducción de prácticas extrabíblicas en el culto tiende inevitablemente a anular y socavar el culto ordenado por Dios (Mateo 15:3, 8, 9; 2 Reyes 16:10-18).

Mateo 15:3 sugiere la tendencia inevitable de seguir las tradiciones humanas: “Él respondiendo, les dijo: ¿Por qué quebrantáis el mandamiento de Dios a causa de vuestra tradición?” Las tradiciones humanas, cuando se incorporan a la santa iglesia de Dios, inevitablemente tienden a conducir a la transgresión de las ordenanzas divinas.

2 Reyes 16:10-18 es un penetrante relato moral y una sorprendente ilustración de lo que sucede con las ordenanzas cuando la invención humana se entromete en el culto ordenado a Dios.

El rey Acaz fue a Damasco para encontrarse con Tiglat-pileser, rey de Asiria, y vio el altar que estaba en Damasco. Envió el rey Acaz al sacerdote Urías el modelo del altar y su diseño, conforme a toda su hechura. El sacerdote Urías edificó el altar conforme a todo lo que el rey Acaz había enviado desde Damasco. Así lo hizo el sacerdote Urías antes que el rey Acaz viniera de Damasco. Cuando el rey volvió de Damasco, vio el altar, se acercó al altar y subió a él, y quemó su holocausto y su ofrenda, y derramó su libación y roció sobre el altar la sangre de sus ofrendas de paz. El altar de bronce que estaba delante de Jehová lo trajo del frente de la casa, de entre su altar y la casa de Jehová, y lo puso al lado norte de su altar. Entonces el rey Acaz dio esta orden al sacerdote Urías: «Quema sobre el altar mayor el holocausto de la mañana y la ofrenda de la tarde, el holocausto del rey y su ofrenda, el holocausto de todo el pueblo de la tierra, su ofrenda y sus libaciones; y rocía sobre él toda la sangre del holocausto y toda la sangre del sacrificio. Pero el altar de bronce será para mí, para consultarlo . » El sacerdote Urías hizo conforme a todo lo que el rey Acaz le había ordenado. Entonces el rey Acaz cortó los bordes de las basas, y quitó de ellas la fuente; también quitó el mar de sobre los bueyes de bronce que estaban debajo de él, y lo puso sobre un pavimento de piedra. Quitó de la casa de Jehová el camino cubierto para el sábado que habían edificado en la casa, y la entrada exterior del rey, a causa del rey de Asiria.

El altar del Señor no es reemplazado por el nuevo altar, sino que sólo es desplazado. Ésta es la sutileza habitual del error humano.  Jamás se nos ocurriría deshacernos de las ordenanzas de Dios. Las trataremos con gran respeto, pero no ocuparán el lugar central en nuestro culto, que quedará ocupado por las invenciones de nuestra sabiduría.

Esta tendencia se ilustra en las iglesias evangélicas de hoy, donde los anuncios mundanos o tontos en medio del culto, la tradición poco sabia de estrechar manos en medio del culto, los tiempos de testimonio mal organizados, los espectáculos de payasos, la pantomima, la danza litúrgica, las películas y el teatro reemplazan por completo o restringen severamente las partes claramente ordenadas del culto. Estas y otras tradiciones de los hombres, por ejemplo, a menudo dejan sólo 15-20 minutos para la predicación. De manera similar, las bandas de adoración ensordecedoras y el predominio de música especial pueden empujar el canto congregacional a un rincón del culto corporativo.

 

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