El principio regulador de la iglesia 7: Su respaldo bíblico: primer argumento
por Sam Waldron | 16
de mayo de 2012 | Eclesiología , Principio regulador
Ahora debemos presentar cuatro argumentos bíblicos en favor del principio regulador puritano de la iglesia y su culto. He aquí el primero: es prerrogativa exclusiva de Dios determinar las condiciones en las que los pecadores pueden acercarse a él para adorarle.
Bannerman enuncia elocuentemente este
primer argumento.
El principio fundamental que subyace a la base de
todo el argumento es éste: en lo que respecta a la ordenanza del culto público,
es competencia de Dios, y no del hombre, determinar tanto los términos como la
manera de dicho culto… El camino de acercamiento a Dios quedó cerrado y
bloqueado como consecuencia del pecado del hombre: era imposible para el hombre
mismo renovar la relación que había sido tan solemnemente clausurada por la
sentencia judicial que lo excluía de la presencia y el favor de su Dios.
¿Podría ese camino volver a abrirse, y la comunión de Dios con el hombre y del
hombre con Dios volver a renovarse? Esta era una cuestión que sólo Dios debía
determinar. Si era posible, ¿en qué términos se llevaría a cabo la renovación
de la relación, y de qué manera se mantendría nuevamente la comunión de la
criatura con su Creador? Esta, también, era una cuestión que sólo Dios debía
resolver, no menos que la anterior. 1
Pero Dios no sólo posee esta
prerrogativa, sino que la Biblia muestra que la ejerce. Contrariamente a las
muchas afirmaciones injustificables de varios comentaristas, Dios no sólo se
opone a Caín en Génesis 4:1-5, sino a Caín y su ofrenda. De manera similar, no
sólo acepta a Abel, sino a Abel y su ofrenda. Nuevamente en Éxodo 20:4-6 Dios
ejerce su derecho de regular la forma en que se le rinde culto al prohibir la
fabricación de cualquier imagen de Sí mismo como “ayuda” para el culto. Si Dios
decretara que sólo lo adoraran quienes vistieran camisas anaranjadas y corbatas
verdes, tendría el derecho de hacerlo. ¡Qué arrogancia por parte del hombre
pensar que tiene algún derecho a determinar cómo se adorará a Dios!
1 James Bannerman, La Iglesia de
Cristo , 1: 340-41.

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